jueves, 27 de abril de 2017

Ver o mirar


Los caballos están sobrevalorados —me dice ante una manada de rocines blancos que pastan en las marismas—. Le miro con cara escéptica y cuando advierte que no voy a debatir añade: Cualquier escarabajo de los que hay en sus bostas es más interesante. No puedo asegurar que haya utilizado el término «bostas», pero sí que me dejó pensativo para el resto del paseo. Y cabizbajo. No tardo en ver una araña caminante cruzar el arenoso sendero. La observo. Parece agobiada. Quizá le asusten mis botas. Se detiene, se agita, continúa exasperada. Busco encuadrarla, pero al enfocar solo veo arena.

lunes, 24 de abril de 2017

Presentación de «Sine Tradere» en el Aula de Escritores del Ateneo

José Corredor-Matheos y Enrique Badosa. Abril, 2017

El plan del 38, cuenta Corredor-Matheos, obligaba a elegir dos lenguas extranjeras, si una era de los Aliados, otra del Eje. Por eso a los doce años Enrique Badosa estudiaba alemán y a los noventa reúne sus mejores traducciones en esta y en sus otras seis lenguas de cultura (catalán, francés, inglés, italiano, portugués y latín). Sine tradere no es solo el repertorio de una orquesta de solistas, sino el Libro Secreto de la Traducción. Su estudio inicial es la sombra que al sol proyecta el silente quehacer de quien recrea. Y su presentación, en Barcelona, la letra capital iluminada.

jueves, 20 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 27


Están dentro, pero también alrededor. Después de pronunciadas revolotean algún tiempo por el cuarto y luego descienden en zigzag, despacio, y aterrizan sobre la blancura de la sábana donde, aunque no sea posible distinguirlas, aguardan con paciencia que alguien se acueste para volver a alzarse sobre una pierna, ascender por la espalda, sujetarse en un mechón de cabello o simplemente pegarse a la piel cuando un cuerpo que descansa las ha cubierto por completo. Y así obtienen una nueva aventura con quien las acaricia ahora en silencio, sin su sonido, solo con el recuerdo de que fueron pronunciadas por alguien.

sábado, 15 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 26


Azul, ocre, duna, mar, en sí mismos, pronunciados al azar, no son nada. Sonidos y un brote de significado entre piedras, allá donde las raíces no encuentran dónde nutrirse. Té, galletas de avena, ventana, tarde, en sí mismos, no son más que ingredientes del día sin el día. Lo que proporciona hondura y sentido a azul y a mar, a ocre y a duna, es el idilio de memoria y metáfora. La unión de dos opuestos: la presencia y el deseo. Lo que también convierte los sabores del día en símbolos. Los colma de densidad y cuerpo. Les da vida.

domingo, 9 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 25


La penumbra del cuarto después de amanecer. La persiana traza paralelas imprecisas de luz que las cortinas difuminan. Una delicada claridad que entrelaza las manos del silencio. Las aves están a punto de que la costumbre las despierte, los rótulos anuncian el tren que ha de llegar y partir, los empleados del riego desperezan el empedrado de las calles sin que nadie los moleste. La tibia piel de los cuerpos, su dulzor ambarino, casi indolente, conoce el instante anterior a que el campanario de la iglesia diga «Acción» y la claqueta arranque el día. Aún a espaldas del mundo. Crisálida.

miércoles, 5 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 24


Algunas hojas han caído sobre las tablas de madera. Sin nadie el banco del parque languidece, casi ojeroso, casi asmático. Una paloma se ha detenido en el respaldo, mira altiva hacia la nada y deja en el lugar una huella que gotea de un listón a otro. Una hilera de hormigas ha descubierto en los intersticios un insecto muerto y aprovecha la soledad para trazar líneas. La brisa saca a bailar sobre el tablado del asiento hojas que pierden la inocencia con rapidez. Un banco vacío, junto al sendero, sin que importe si le da sombra o está al sol.

domingo, 2 de abril de 2017

Dietario de sensaciones, 23


Disfrutan de una realidad diferente a la realidad. Hasta tienen sabor. O vierten sabor en la memoria, lo que casi es más intenso que extraer un simple gusto. Lo mismo ocurre con su aroma. Huelen. Como el jazmín, o como el olor que se recuerda del jazmín. Como los cuerpos, o como la fragancia que se sueña en los cuerpos. Y suenan. Siempre aparecen ataviadas con el vestido largo de la sonoridad, o emergen con sonido desnudas. Les gusta la música y los bailes. Y seducen. Embriagan. Dulcifican. Sosiegan. Se sientan a un costado y acarician el cabello. Las palabras.

jueves, 30 de marzo de 2017

Becqueriana / 105


Baila la tarde una canción lenta, abrazados el sol y la sombra. El sol queriendo ser sombra, la sombra deseando aparecer iluminada. Bailan los insectos entre los restos que quedaron de la merienda. Alrededor de cada miga, un círculo de hormigas danza con su tesoro descubierto. Bailan los ojos cerrados con los ojos cerrados, y a través de su ceguera ven las manos, el pecho, las caderas. Un pie, cuando la impericia lo pisa. Baila la brisa con las hojas del sauce. Los gatos consigo mismos en lo alto de la tapia. Baila la realidad, no deja nunca de bailar.

martes, 28 de marzo de 2017

Becqueriana / 104


Tararea. El arroyo baja por el prado tarareando su canción preferida. Solo el estribillo. Una frase que le gusta y repite sin cansarse. Y también sin cansar. La escuchamos entre estrofa y estrofa de una conversación. Que no es en verso, ni cantada. Pero tampoco en la prosa que desvirtúa la belleza del mundo. A veces callamos para oír el murmullo de las aguas. Lo conocemos de memoria, pero presionas mi brazo para que atienda la melodía que llega desde el torrente. Su irse perpetuo y su constante estar presente. El enigma, o tal vez sea laberinto, que tanto seduce.

sábado, 25 de marzo de 2017

Becqueriana / 103


Si un día, atado por petición propia al palo trinquete de un velero para poder escuchar el canto que fascina, reconociera el suyo en mitad del océano y de un incierto camino de regreso, al instante pediría que algún marinero audaz, con los oídos y ojos tapados, me desatara las manos anhelantes, me liberara el cuerpo seducido por su voz, redimiera mis pensamientos de la sujeción a la lógica de los rumbos y me dejara encaramarme al bauprés hasta perder por completo el equilibrio y sentir el helor de las aguas como el mayor bien entre sus brazos de sirena.

jueves, 23 de marzo de 2017

1987- «La lección de música»


Se ha corrido la voz. Una nube de indigentes guarda la espalda de Stéphane Mallarmé, clarinetista de la filarmónica de París. Nadie le molesta mientras mantiene su solitario diálogo frente al tragaperras, que a ratos gorjea cataratas de monedas. Solo cuando se da la vuelta para irse, abandonando la calderilla en el cuenco de los premios, la avaricia se agolpa por retirarla. Y cuando el músico sale del bar, acompañado por su sombra, se le acerca Pascal, que acaba de concluir su práctica de escalas, y se ofrece a formar con ambos un trío de cámara. Silenciosos pasos calle abajo.

martes, 21 de marzo de 2017

1986-«El otoño de las rosas»


—Agente... Azorín.
—Muchacho, ¿por qué lloras?
—Recurro a usted, hip, porque se está cometiendo una injusticia.
—¿Cómo te llamas, chaval?
—Paco. El de Elca.
—Conozco a tu familia. Buena gente. Veamos, ¿qué te atormenta?
—La noche. Está a punto de caer.
—Sí. Es verdad. Noviembre es siempre así. Un mes oscuro.
—Contemplaba los campos. Su belleza desolada.
—¿Y por qué no estás jugando a pelota con los otros chicos?
—Porque me gusta ver cómo florecen los pensamientos y el hibisco.
—Extraño entretenimiento.
—La noche se cierne.
—Una amenaza no es un delito.
—La noche lo devorará todo.
—Algo siempre permanece.

sábado, 18 de marzo de 2017

1985-«Libro de horas»


En el escaparate de la sastrería de Saint John Perse hay guantes de piel amarilla y pajaritas de fantasía selvática. Pañuelos de seda con abstracciones geométricas. Camisas de blancura alpina, pantalones ajedrezados, calcetines pintados por Mondrian. Hay bluchers con suela encarnada. Capas de terciopelo. Americanas con tacto de nube. Tirantes color índigo. En la puerta ondulan aromas a madera y música de Monteverdi. Por delante cruza el mozalbete Rafael cada día, con su pesada cartera. Camina despacio, se detiene, aspira. Sueña con el día en el que abandone los pantalones cortos y la corbata con cuello de goma del uniforme. 

jueves, 16 de marzo de 2017

1984-«El amante»


La luna viste de azul el cuerpo níveo de la joven. Y del mismo azul que las aguas del Índico desdibujan con sus garabatos sobre las olas tiñe el humo de la pipa que exhala Li Bai. La brisa revuelve la melena de Marguerite, acodada en la baranda de popa, y estremece la piel en sus brazos descubiertos. Li Bai convierte el silencio en rumor y un ramillete de flores amarillas prende en las palabras que no se atreve a decir. Las argollas tintinean entre sí. La muchacha aprieta los dientes para que no castañeen.  Li Bai mira la luna.

martes, 14 de marzo de 2017

1983-«Fado alejandrino»


—¿Sargento Hemingway?
—¿Quién pregunta?
—Yo, mi sargento.
—¿Recluta Antunes?
—Yo, mi sargento.
—¿Y sabes decir algo además de yo mi sargento?
—Sí, mi sargento.
—Me alegro.
—Gracias, mi sargento.
—De nada. Nos vemos.
—¿Sargento?
—¿Querías algo?
—Sí, mi sargento.
—¿Ahora?
—Sí, mi sargento.
—¿Y sabes decir algo además de sí mi sargento?
— Mi sargento, sí.
—Fantástico. Felicidades.
—Gracias, mi sargento.
—De nada. Pásalo bien.
—Una pregunta, sargento.
—¿Quieres que pierda toda la mañana contigo?
—No, mi sargento.
—¿Así que hay algo que no entiendes?
—No, mi sargento; digo, sí mi sargento.
—¿Te aclaras?
—Sí mi sargento; digo, no mi sargento.

sábado, 11 de marzo de 2017

1982-«Paisajes después de la batalla»


En el obrador de la Pastelería Arcipreste un moscón se impone como violín solista a la sinfónica de moscas habituales. La mañana tampoco logra desperezarse con la melodía mientras Juan Ruiz, repostero mayor, ensaya un hojaldre en forma de corazón de serrana con una almendra en el centro. ¿Quieres probarlo? —le ofrece a Juan, el aprendiz a pesar suyo. No he comido antes un plato —responde reivindicativo— para merecer un postre. Alza un ojo el maestro: los cacharros por fregar, el suelo por barrer, la nata por batir. ¿Y si le ponemos un pistacho? —sugiere—, será más fácil de descascarar.

jueves, 9 de marzo de 2017

1981-«Los títulos»


La recibe de espalda. Mi nombre es Rosa. Ni se da la vuelta. El gerente y propietario de Industrias Cárnicas James Joyce S.L. abrillanta la plata del rótulo con un paño de algodón fino. He venido por el anuncio. Y sin siquiera girarse, después de esparcir su aliento por las letras y seguir frotando, recita: Aguja, aleta, babilla, brazuelo, cadera… siga, siga. Rosa se azora, tartamudea: cadera, cadera… carri-carrillada… contra… costillar. Por primera vez se da la vuelta el señor Joyce: ¡bravo! Culata, espaldilla, falda, llana, lomo… siga, siga. Rosa ahora no duda: Morcillo, morrillo, pecho, pescuezo… Aplaude: ¡Bravísima, contratada! 

martes, 7 de marzo de 2017

Becqueriana / 102


A mano se escriben los versos. Con los dedos se cuentan sílabas y con el lápiz se tacha la palabra que puede ser sustituida por otra que tenga más puntería. La lista de la compra, ya sin sílabas contadas, pero también en verso y con tachaduras. A pluma queda sobre el cuaderno el retrato del día, al natural. A bolígrafo, en un billete de autobús, sin ninguna modificación, el aforismo del instante. Un paseo por la playa o el ascenso a un monte tras un día de lluvia, con el rastro de las pisadas sobre el lugar.

domingo, 5 de marzo de 2017

Becqueriana / 101


Escribes. La luz se arremolina en el suelo, junto a las sillas vacías, alrededor de los zapatos nostálgicos de los pies. Tus labios escriben en el papel de la piel palabras nuevas que ya conozco y palabras conocidas que nunca he sentido. El tiempo se tumba en el sofá con una novela policíaca en las manos. Estás escribiendo. La brisa baila un lento con las cortinas recogidas en un extremo de la ventana. La humedad de los labios inventa sensaciones en la espalda, un caligrama de estremecimientos que brilla a la caída del sol. Escribes. El día cierra los ojos.

viernes, 3 de marzo de 2017

Becqueriana / 100


Ríos navegables, los cuerpos nacen en las recónditas montañas del deseo. Un pequeño salto, una corriente, un fluir por entre las rocas de arroyo menudo, un murmullo de cauce bajo la frondosidad de un bosque. El agua crea al cuerpo. Y la ilusión lo ensancha, profundiza su lecho, estremece su superficie. Así, la seducción traza en la llanura de la tarde meandros de suaves curvas, un serpenteo que alarga el recorrido, que marea al tiempo. El anhelo forma en el río un delta, un mar de dunas que fotografían al mar. Un encuentro de aguas. La exaltación de ese encuentro.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Becqueriana / 99


La ventana dispersa por el cuarto la luz del poniente como si preparara la base cromática de un lienzo. La música. La música la elige un estado de ánimo. Hoy vengo latina, le ha dicho al oído cuando ha entrado en sus brazos al bajar del autobús. El vestido. El vestido lo han elegido las preferencias que descubre cuando se miran. Se han descalzado. Sobre la madera del suelo los pies acompasan los latidos que golpean ya en el pecho. Hoy he estudiado latín para ti, le dice. Sonríen. Bailan. Afuera, la noche se asoma, como acostumbra, sorda y ciega.

domingo, 26 de febrero de 2017

1980- «Ciudades indefensas»


En la sala de los prerrafaelitas, una Ofelia flotando en un lecho de flores atrae la mirada de una muchacha menuda que, escéptica, sonríe ante la escena. En la esquina, en un taburete, la vigilante —en el pecho una placa con el logotipo del museo y un nombre, Sylvia Plath—, se alarma: Siempre tendrá treinta y un años Ofelia, para la eternidad. Fátima mira alrededor, cuando ve que no hay nadie se inquieta: ¿Se dirige a mí? Cautelosa, la vigilante le devuelve la sonrisa: O al revés, quizá sea la eternidad la que haya tenido treinta y un años.

martes, 21 de febrero de 2017

1979-«Puerca tierra»


La tarde se viste de gala. La gente se arremolina ante los Recreativos Naturaleza. El campeón nacional de ping-pong, el gran Pierre de Ronsard, ha aceptado enfrentase a John, el pastor paladín de la Alta Saboya y nuestro héroe. Que gran partido. Sirve Rosard un céfiro que John contrarresta con carretilla. Siguen: lirio, uno; orina, otro. Ámbar; estiércol. Altozano; leña. Máxima igualdad. Si ataca con alba, se atrinchera con cuervos. Si se defiende con marfil, contrataca con gallinasJardín; fogón. Coral; matojo. Qué intensidad de juego entre el maestro y nuestro adalid. Diamante; zapatillas. Sin tiempo para respirar. Rosa; patata.

sábado, 18 de febrero de 2017

1978-«El imitador de voces»


A los juzgados, por favor. El joven taxista de agitado cabello se da la vuelta. Le encara: ¿A los juzgados? A ver, explíqueme por qué. Thomas lee la tarjeta de identidad que replica el temblequeo del diésel: «Blaise Pascal». Mira la fotografía. El rostro, aunque mejor peinado, coincide. Insiste: ¿Podría llevarme, por favor, a los juzgados? Sobresaltados los ojos, el conductor da un golpe de ira contra el volante: Eso tendrá que explicármelo antes. Thomas duda: ¿Explicárselo, cómo? Se revuelve aún más la revuelta melena: ¡A los juzgados, como si fuera tan fácil! Se araña las mejillas: ¿Quién puede juzgarnos?

martes, 14 de febrero de 2017

1977- «La hora de la estrella»


—Servicios de Lampistería Kafka, le habla Frank. ¿En qué puedo ayudarle?
—Aquí Clarice. Verá. Es urgente. Tengo un problema.
—¿Un escape?
—Exacto. Muy perspicaz.
—Bien. ¿Se trata de un personaje?
—Sí y no. ¿Cómo explicárselo?
—Con palabras, señora.
—Claro. Es un personaje, pero no es un personaje. Es el narrador.
—¿Usted no, verdad?
—En absoluto. Es un hombre. Ha de morir con su personaje, pero no es un personaje.
—Lo entiendo.
—Fantástico.
—¿Y se ha escapado?
—Claro, tras fallecer el personaje. No sé cómo acabar la novela.
—¿Ha guardado sus datos?
—¿De un simple narrador? Ni siquiera sé el nombre.

viernes, 10 de febrero de 2017

1976-«¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?»


Estás rendido, chaval. Y mientras lo dice Miguel de Cervantes Saavedra, jefe de camareros en la Cervecería Realidad, apoya el mentón sobre el palo de la escoba a modo de pedestal ligero. Ahora barro, señor —promete Raymond sentado sobre una mesa por recoger con una caña en la mano. El horizonte se abre a un oleaje de colillas pisoteadas, cáscaras de altramuz, cuentas arrugadas, paquetes vacíos y un sinfín de bultos indeterminados. Ahora mismito, señor —le repite a su espalda de navegante que rema contra la marejada. Descansa, chaval, hoy limpio yo. Nada hay que rejuvenezca más que la deshonra.

lunes, 6 de febrero de 2017

1975- «Mortal y rosa»


Paco —con voz trémula le llama Juan Ramón Jiménez, el anciano jardinero municipal—, das unas zancadas que no hay quien te siga. Aguarda un instante, muchacho. Quiero despedirme. Me jubilan. Regresaré al pueblo. Uno ha de morir donde le reconozca la tierra en la que se echaron sus padres para concebirlo. Siempre he pensado así. Ha sido mi desgracia. Solo a ti puedo contártela. Tantas rosas como han florecido en mi jardín y camelias que he consentido hasta el capricho, tantos aromas y sin embargo ninguno me ha devuelto la gracia que perdí un día y no supe recuperar.

jueves, 2 de febrero de 2017

1974-«El mono gramático»


—Guillaume Apollinaire, comandante de vuelo. ¿Deseaba algo, joven? 
—Encantado de conocerle. Octavio Paz, poeta y diplomático. Solo quería felicitarle por la travesía. 
—¿Viaja a menudo? 
—Es mi primera singladura hacia Oriente. Nada parecido, ¿verdad?, con su perpetua aventura. 
—Bueno, hoy volamos a Delhi, pero mañana dormiré en mi apartamento de París. 
—Y al día siguiente, de nuevo las alturas. El resplandor de las alturas. 
—Sí, otra vez despegamos rumbo a Delhi. 
—¡Delhi, qué profusión de maravillas! 
—Bueno, usted ya llevará dos días. 
—Lo decisivo es el espíritu errabundo. 
—Y que no me olvide de la reunión de propietarios al volver.

martes, 31 de enero de 2017

# 576 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM


Quizá hoy sea la mañana en la que los rótulos informativos de la estación hayan dejado de funcionar. La palabra «destino» se vea tan abandonada como una muñeca en el armario de una joven. La lista de nombres de lugar y horarios se quede en blanco, que es un fondo negro en el que no aparece ninguna letra blanca. Tampoco la voz disciplinada de la megafonía acuda a solventar el desconcierto. Los puestos de información permanezcan con la persiana bajada. Las taquillas no hayan abierto. Y, sin embargo, cada pocos minutos llegue un tren y parta, nadie sabe hacia dónde.

jueves, 26 de enero de 2017

# 575


No hay casi nada en el interior de un instante. Apenas ha dejado algo atrás e idéntica nimiedad le aguarda por delante. Mecanismo que repite con indiferencia un proceso. Un engranaje que solo emite chasquidos regulares como prueba de que está en marcha. De que rueda. Sin que se sepa qué genera su discreto latido. O cómo urde la secuencia insignificante de instantes esa permanencia a la que denominamos vida. La esencia que tuvieran desaparece pronto, la densidad se va evaporando, el relato del que formaban parte quedó deshecho, un manuscrito anegado un día de crecida. Y, sin embargo, perdura.

martes, 24 de enero de 2017

# 574


En la calle mojada, sobre las losas que la lluvia ha charolado durante la tarde, quedan las huellas de mi caminar, un rastro opaco en un mar de brillos. Al girarme por casualidad, las he visto y me he detenido a observarlas. La línea que he recorrido en el espacio llega hasta el lugar donde estoy y desde donde veo la ausencia de cualquier línea hacia delante. Reflejos en la humedad de la piedra que mezclan los colores de rótulos, marquesinas y fachadas sin que nadie los haya pisado. Así concibo la vida cuando me paro a contemplarla. Ese instante.

domingo, 22 de enero de 2017

# 573


Baja el río con los bolsillos de su gastada gabardina llenos de piedras. Recuerdos de la agreste montaña donde nació, unas. Rocas que arrancaba en los parajes por donde fue joven torrente al que nada detenía. Emblemas de las llanuras por donde ha transitado silbando canciones de moda con el hatillo al hombro, otras. Minerales de colección que se llevaba de paseo cauce abajo, a los que proporcionaba, además, un nuevo aspecto, suave y elegante. Llega el río a su desembocadura con el macuto lleno de guijarros. Tantos que los confunde, a veces, antes de quedarse con las manos vacías.

viernes, 20 de enero de 2017

# 572


Es el espacio el que crea las palabras. Son el espacio y el deseo. Lo que rodea, lo enmarcado, lo que fluye cuando pasa la corriente río abajo y alguien se queda contemplándola desde el puente con el pensamiento absorto. Lo que dice entonces, esa expresión. También la que se pronuncia sin acertar a veces en el sonido, entre los cañaverales, a mitad de un abrazo, cuando los dedos se esparcen por la nuca y la mano se aferra a la cintura. Una palabra, casi gemido. Lenguaje con el que se comprende lo incomprensible. La vida, quizá. Cauce y anhelo.

miércoles, 18 de enero de 2017

# 571


Solo me sosiego cuando descubro que no importa si la casa donde estuve cenando esa noche era en este o en aquel edificio, en esta o aquella manzana, ahí o en otra calle, tal vez en esta vida. Si el Café donde tantas tardes humearon amontonadas como la hojarasca abría sus puertas aquí o era más allá, quién sabe, si después de que el hábito me condujera durante tantos años ahora ya ni siquiera soy capaz de determinar un punto, ni pensándolo. Pero en realidad, tampoco importa, porque el pasado pertenece a la imaginación. Es el contenido de la fantasía.

lunes, 16 de enero de 2017

# 570


Los sueños empiezan al despertar. Despliegan la energía necesaria para ponerse en pie. Desde el espejo le recuerdan a la persona que mira quién es. Porque un sueño exige a alguien que lo sueñe. Con voluntad, con carácter, con convicción, con insistencia y con alegría de soñarlo. Son la luz que vierte la ventana sobre el pensamiento con el propósito del pintor que elige sus símbolos en la paleta de los colores claros. La armonía que se distingue y recrea entre los sonidos. Las palabras con las que se comprende cuanto acontece. Es la certidumbre de que la vida existe.

sábado, 14 de enero de 2017

Maga Losnay, dietario # 569


La vida está fuera y está dentro. Está en lo que transcurre y en lo que no ha ocurrido. En las conversaciones y en los silencios. Aparece donde todos la buscan y donde nadie se imagina que pueda estar. Se piensa la vida como una línea ferroviaria cuyas marcas sean estaciones donde se sube o baja. Nada más extraño a la vida. También los trenes corren por ella, pero la vida vive, sobre todo, por debajo y por encima, a ambos lados, muy lejos o extremadamente cerca. Es aquello que late en una palabra, en una mirada, durante un instante.

jueves, 12 de enero de 2017

Sombra C


Pensó que había tratado con sombras, o tal vez con frases pronunciadas por alguien que en realidad no era nadie. De aquel momento solo quedaba, sin embargo, lo que le habían dicho. Lo que había escuchado, aunque confundiera qué con quién. Ni siquiera un rostro ligado a una expresión. Ni siquiera un rostro ligado a nada. Sombras diluidas en la súbita llegada de un anochecer invernal. Si se hubiera ausentado el tiempo, podría no darle importancia. Amontonarlo en el desván de lo que ha pasado como si no hubiera ocurrido. Pero con tantas frases, bloques de hielo en el deshielo.

martes, 10 de enero de 2017

Sombra B


Una idea es la sombra de una voz. Estaba a punto de copiar en twitter esta frase que creía elocuente cuando recordé algo. Iba por un sendero lleno de guijarros. La molestia que notaba al andar y el rechino que producían mis pasos me incomodaban. Descubrí junto al camino una senda de arena cuya calma supuso un alivio. Aunque mi sombra se extendiera a lo largo de los guijarros, no la oía. Pensé, ¿existe un silencio más acendrado que el de la sombra de dos personas que hablan? ¿Que el de la sombra del orador contra la pared? La borré.

sábado, 7 de enero de 2017

«El sujeto boscoso» / Secuela y 3 / Sombra A


Si al observar el trazo que realiza sobre el suelo o el pavimento se considera la sombra como charco, entonces cabría definir la presencia como lluvia. Al igual que la lluvia obliga a comportamientos inhabituales del sujeto, que ha de abrir el paraguas, en el caso de que disponga de uno, o en su ausencia, ha de modificar el paso, la ruta, la posición del cuerpo y de la ropa y, sobre todo, la desatención de la mirada hacia cuanto no sea lluvia, así también cualquier presencia condiciona lo que ocurre. Y la sombra —el charco— será su olvidadiza memoria.

jueves, 5 de enero de 2017

Pequeño Auto de la noche de Reyes


—¡Que envoltorio más bonito!
—¿Para quién es, mamá?
—¡Y qué grande! ¿No es un poco demasiado grande este paquete?
—Sí, sí. Pero ¿qué pone en la tarjeta?
—A ver, a ver…
—Seguro que no es para mí.
—Aquí hay un nombre…
—¡Qué nervios!
—Aquí hay escrito un nombre, es verdad.
—Dilo ya, mami, porfa.
—Aquí pone… chan, chan… ¡Luisito!
—¡Es para mí!
—De parte de tu tío Jorge, pone en la tarjeta.
—¡Qué bien, qué bien!
—Tranquilo. No lo rompas todo.
—Mami… es… un monopatín.
—Sí, es muy chulo.
—Ya.
—Es muy… nuevo.
—Sí, pero ya tengo uno. Mi monopatín.